El relato de Génesis 2:4b-8.15-17 nos recuerda que la Divinidad creadora, hizo a la humanidad, plantó para nosotres un jardín en Edén y nos encargó labrarlo y cuidarlo. Advierte, sin embargo, sobre el peligro de un árbol cuyo fruto habilita el conocimiento del bien y del mal, porque comer de él, nos llevará a la muerte.
Como todo mito, el de la creación posee un sentido amplio y un espacio de exploración de su riqueza simbólica, que habilita para comprender la voluntad creadora y los peligros de percibirnos dueños/as de la verdad absoluta, aún en las certezas científicas de nuestro presente.
Hoy habitamos una tierra dominada por intereses mercantilistas que destruyen el ecosistema, las relaciones de la comunidad internacional y entre las personas, la dominación cultural insiste en alienarnos, ubicándonos lejos de nuestra identidad e intereses comunes…
Marcos 7:14-23, nos muestra a Jesús enseñando a sus discípulos, que solo del corazón humano sale aquello que puede contaminarnos. La pureza ritual es vana y las tradiciones han sido corrompidas solo para sostener privilegios particulares. Nada que ingrese “de afuera” puede contaminarnos… Pero sí aquello que sale del corazón humano: los malos sentimientos, el robo, el abuso sexual, la mentira, la traición, el homicidio.
Parece que Jesús hubiera estado leyendo posteos de actualidad en las redes sociales, que nos hablara de las realidades de hoy en día en nuestras iglesias y familias. Que viera como se incendian tierras y se culpa a sus habitantes para despojarlos. Que escuchara a líderes internacionales ensañarse con los colectivos y comunidades más vulnerables.
Solo el amor, la ética poderosa del amor, solo la misericordiosa justicia de Dios, podrá salvarnos.
Oremos:
Señor, danos un corazón nuevo… Permítenos cultivar los valores de la comunidad y la inclusión, danos coraje para arrojarnos en la aventura de conocerte mejor y transformarnos, para rendirte culto verdadero, veneración de tu creación amorosa. Cuidado y respeto de la dignidad humana. En tu nombre bendito, Jesús. Amén.

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