Génesis 8:6-22 relata el fin del diluvio, Dios recuerda a Noé y a todos los animales y se compromete a no atentar más contra sus criaturas, a cuidar la sucesión de la vida, las estaciones y las cosechas.
En Marcos 8:22-26, Jesús cura a un hombre ciego que fue llevado a su presencia para que lo tocara, en Betsaida. Lo llamativo de la narración es la sucesión de elaborados procedimientos físicos que Jesús ejecuta para ese fin: Lo lleva aparte, fuera de la aldea, le impone las manos, y vierte saliva en sus ojos. Debe repetir la operación una vez más, hasta que la vista es restablecida totalmente.
Es que no es fácil ver con claridad en estos tiempos, como en aquellos tampoco. No es fácil reconocer como se cumplen las promesas de Dios en nuestra vida, en nuestro entorno, tanto en los aspectos materiales como espirituales. Tal vez porque esperamos grandes fenómenos y pruebas, o cabales soluciones definitivas, o la persona ideal, la situación oportuna, la iglesia perfecta, en lugar de sabernos en la mano de Dios, en su permanente cuidado de nuestra vida, en el hilván de los sucesos, tanto como en el transcurrir de las estaciones y los días.
Tampoco es fácil ver quién es Jesús, ir a su encuentro con los brazos abiertos, poniendo toda la confianza en su presencia salvadora, sanadora y liberadora. Buscarlo en la oración y en las acciones de cada día, en la consciencia ecológica y en las luchas por un mundo mejor para todes, más inclusivo y más justo.
Marcos nos invita a dejarnos tocar por las realidades propias y ajenas, a sumergirnos en la vida física y real, con plena confianza en las promesas de Dios, que se cumplen en Jesucristo.
Oremos:
Divinidad amorosa te agradecemos por tu presencia sanadora en cada momento de nuestra vida. Te pedimos que renueves nuestra confianza cuando nos sentimos sacudides por la desilusión y la tristeza. Cuando las necesidades nos desbordan y el trabajo resulta agotador. La Santa Espíritu nos dé tu paz, que es fortaleza y claridad para seguirte y hacer tu voluntad.
En el nombre de Jesús.
Amén.

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